Este fin de semana fue de mi nena, con su cumpleaños y su fiesta la tuve todo el tiempo encima, y me hizo el fin de semana algo muy bueno.
Pero mañana ya es lunes y el último recuerdo que tengo de su cara es la pena cuando la dejaba en su casa. Dios… cuanto quiero a esa niña, la amo como creo que aman los padres, pero sin ser su padre, solo mirando, solo viendo como pierden esos minutos sagrados que son los que tienen los padres para hacer de la infancia de su hijo la etapa más dulce de su vida, donde pueden aprender sin sufrir por ello.
En cada una de estas reuniones me nace ese sentimiento de tener familia, de no estar más solo y de atreverme a depender de alguien, de entregarme a alguien tan fuerte que me pueda hacer daño, quedar expuesto, tener fe en alguien más.
Le he enviado mensajes a mi amigo, quiero juntarme con él, quiero verlo y hablar, y quizás por fin contarle todo lo que sentía y siento. Pero siempre pasa algo.
Este 16 quiero pedirlo libre, aprovechando el 15 feriado, y quiero ese día hacer lo que nunca tengo tiempo de hacer, preocuparme un poco más de mis días.
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