Hoy tuve otra cita con la sicóloga, una cita algo mas larga, en la última no pudimos terminar, así que ahora tuvimos dos seguidas.
La idea era seguir con la discusión sobre mis padre y mi historia, un poco de como me he convertido en este personaje raro, que no entiende como ser parte de esta loca vida.
Pero… como siempre pasa conmigo, la conversación se fue a otro lado. Me preguntó si había pasado algo importante en este semana… “No, nada importante, salvo… esta semana fue el cumpleaños de mi amigo, el que quería cuando estaba en el colegio, y lo llame”.
Si… lo llame, y no puedo decir el porque. Hablando con ella me dijo que el 90% de las decisiones que tomamos son por instinto, y bien… yo le creo mucho al mío, así que lo hice.
La llamada fue rara, un poco… se siente distinto cuando hablo con él. Mientras hablábamos se escuchaban sus hijos en el fondo, y me sentía fuera de lugar, pero estaba haciendo algo que necesitaba.
Hablando con mi sicóloga… llegué al momento de la pregunta… “¿Le digo que lo quería mucho cuando estaba en el colegio?”, y cuando digo mucho… es mucho.
Su consejo… si se lo digo… arriesgaré mucho, puedo provocarlo y explotará, le dirá a todos, cambiará mi vida, puede pasar cualquier cosa, pero si estoy dispuesto a soportar y sobrellevar todo esto… lo más aconsejable es hacerlo, es terminar con esto y dejar de sentir esto… la sensación de que algo quedó sin terminar, que créanme… es difícil de sobrellevar.
Creo que aún me pasa algo con él, me siento distinto, soy yo otra vez, me cuesta menos encontrar las respuestas.
Mi sicóloga me habló de su teoría y de su experiencia… durante toda la vida, uno puede conocer a mucha gente, y de entre ellos, puedes encontrar a muchos que quieras, pero si tienes suerte, encontrarás a alguien a quien, pase el tiempo que pase, cambie lo que sea que cambie, siempre seguirá siendo ese alguien que hace que las cosas sean… únicas.
Quizás tuve mucha suerte.
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