Estos días han sido completamente oscuros, el dejar de tomar ese medicamento me hizo abrir los ojos, y no me gusta lo que veo.
Ha vuelto la rabia, la pena, la tristeza, la desesperanza. Estoy preso de estos días, sin poder dejar a los que me necesitan, atrapado sin poder dejar todo lo que debo hacer, asfixiado por los días, por las horas, por el tiempo.
Extraños las pastillas, mi capacidad infinita de no ver y no sentir, de perder el tiempo sin notarlo, de respirar sin que sea necesario.
Han vuelto a mi cabeza las ideas medias oscuras, creo que se dice suicidio, pero ahora no existe el miedo, y se están acabando los motivos para no hacerlo. Solo me queda mi niña, esa sobrina que me ha enseñado lo que debe sentirse tener una hija.
Y ella es la que me ha enseñado lo que me pierdo viviendo esta vida, la felicidad de tener a alguien que te quiere tanto, que en las mañanas se despide de ti riéndose con los ojos, diciéndome que me quiere y viendo como me necesita.
Sin esa niña creo que ya estaría dos metros bajo tierra, la necesito tanto como ella a mi, sin poder hacerla feliz mi vida no tiene sentido, y es cierto, mi vida está completamente vacía, no se con que llenarla.
Hoy voy a llamar a mi compañero de curso, del que estaba enamorado, y que puedo decir, después de hablar con él y contarle lo que sentía, estos meses sin verlo, me doy cuenta que aún lo siento, pero no puedo estar cerca de él, me duele verlo. Él es lo único que me queda de mi vida que me gustaría tener, pero se que eso es imposible.
Me quiero juntar con él, quiero hacerle un regalo, que está de cumpleaños pronto, y decirle lo que siento y despedirme, que es algo que no pude hacer cuando terminamos el colegio. Con esto terminaría lo que me queda pendiente en mi vida.
Después de esto solo me queda mi sobrina. Debo inventar que querer ahora, tener algo más que mi sobrina, pero no puedo, ya estoy cansado de buscar, se me están acabando las posibilidades.
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