Hoy fue un día extremo, me pasé la tarde intentando trabajar pero con mi sobrina al cuello, sacándome del computador, y dejándome jugar como un nene. Esta niña hace que los días “perdidos” valgan una vida.
Después viene lo malo, cuando llegan los otros y no ven lo que yo veo, una niña que los esperaba con mucho cariño, pero que no puede más que defenderse de las caras y los gruñidos de los animales que llegan de la calle.
Estoy furioso por la vida que debe llevar una niña como esta, como dejan que se pierdan esas sonrisas y esos ojos que encienden el alma.
Mi hermana, mi padre, mi cuñado… ¿realmente no lo ven?. Esta cosa de defenderse diciendo que son adultos y deben enseñar a la niña, solo les permite tener una buena escusa para cuando esta niña vuelva ya madura, y con los ojos les pida explicaciones de lo que la hicieron vivir.
Mis letras hoy están llenas de rabia, por ver como pierden lo que tienen, como pierden ese tesoro único que les llegó como niña, y solo dejan pasar el tiempo escudándose en lo difícil que es la vida. Si es que trabajan es para poder vivir una vida junto a esta niña, y si la vida que tienen no se los permite, pues algo están haciendo mal, solo gastan esfuerzo tratando de reparar algo que ellos provocan.
Se que es difícil encontrar como lograr esto en el Chile de hoy, pero si al menos viera que lo intentan, que a pesar del tiempo fuera de casa, lo primero que viera mi sobrina en sus caras fuera una sonrisa, eso mostraría sus intenciones de otra vida.
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