sábado, 11 de abril de 2009

Cambios

Parece que los vientos soplan a mi favor, al menos por ahora. Es una situación extraña, se siente raro, y siento algo de miedo.

Es una sensación extraña, ¿vieron “As good has it gets”?, es un poco como la sensación que tenía Helen Hunt cuando su hijo estaba saliendo de sus problemas de salud, un poco “¿y ahora qué?”. Por primera vez estoy… decidiendo por mi, por lo que va a pasar, y tengo como hacerlo.

Estoy pensando en que hacer ahora, muchos me dicen que ahorre para una casa, que compre un auto, que ahorre para tener un “seguro” en caso de problemas. Yo… no tengo claro aún que hacer con esto, es que realmente me pasé tanto tiempo viviendo y decidiendo por otros, que no se bien como hacer esto.

No se cuantas veces en estos días he sentido ganas de… recibir mi dinero y salir a probar, ser tonto y descuidado y ver que pasa. He pensado mucho en terminar con temas pendientes, en esos que te hacen pensar en “¿por qué no lo hice?”, he pensado en hablar con mis compañeros de colegio, los que me importan, y acercarme más a ellos, quizás contarle casi todo, quizás hablar con ese tipo especial, el que me tenía loco y terminar con esta sensación, contarle todo y dar vuelta la página.

Da miedo esto, da miedo el no encontrar motivos por los que pelear, es difícil caminar cuando no sabes a donde llegar.

Acá en casa ya me está pasando, no aguanto más tener que estar acá, con todos al lado mío, con esta incapacidad de estar solo, con esta sensación de que me necesitan, pero me da algo de miedo que dejen de hacerlo o dejarlos solos. Es una tontera, lo se, pero es lo que me pasa.

Ya llevo dos semanas en el trabajo y siento que me ha ido bien, las cosas avanzan, he encontrado soluciones a los problemas que he encontrado, me llevo bien con mi jefe, y mis habilidades sociales están más desarrolladas de lo que pensaba.

Cambios… una necesidad dolorosa. cuando leo mi antiguo blog me siento algo perdido en lo que escribo en este. Recuerdo lo sencillo que era escribir en el otro, que tenía un tinte mas de pañuelo de lágrimas que este, lo leo y siento que esas lágrimas eran más fáciles, aunque este post no se aleja mucho.

Ayer hablaba con mi tía, a la que también le digo mamá. Le conté lo que sentía, lo que me pasaba, cuanto de todo esto me molestaba y el porque. Tengo 34 años y aún no tengo nada, y es difícil aguantar esta vida cuando ya te apesta. Pero igual siento ese frío en la espalda, esa sensación de… miedo.

Como me gustaría tener mi rinconcito en este mundo, pero se bien que me la pasaría encerrado, acostado, descansando y viendo el cielo de mi pieza. Disfrutaría la soledad, esa que uno busca, que uno elige.

Pero… ¿después qué?, ahí las cosas se ponen oscuras. Me pongo a soñar con encontrar a alguien, comprar una casa, endeudarme como loco, tener esos amigos porque… son tus vecinos, compañeros de trabajo, amigos de tu “peor es nada”, el momento en que encuentras motivos para que la vida vuelva a convertirse en un molesto conjunto de rutinas y que el valor de esos momentos de soledad y tranquilidad vuelva a subir.

Como me gustaría tener 24, con esa necesidad de probar, con esa calentura por encontrar a alguien y “entretenerse”, con esa irresponsabilidad de no sopesar mis acciones, ni a quien condeno, con esa valentía que te da el no sentir el tiempo.

En el trabajo se sorprendieron cuando les dije mi edad, me dijeron que parecía de 25, y quizás aún los tenga. La vida se me ha hecho tan corta, me siento algo cansado en las mañanas, los días tienen cada vez más sabor a granos de arena, y uno tras otro caen sin importar cuanto hiere que pase eso.

Voy a recibir mi primer sueldo este fin de mes, que es bastante bueno, lo que quería que fuera, aunque tengo una gran cantidad de deudas que pagar, que punto a parte me van a salir muy dolorosas, mi amigo no pago mis retenciones, así que no tendré la devolución de impuestos.

Pasará este mes, quedará algo de dinero en mi bolsillo, no tanto como quería, pero algo es algo, podré elegir que hacer. Probablemente haga algo que hace tiempo quiero hacer, encontrarme con mis viejos amigos, y si tengo los huevos, hablar con él y contarle lo que me pasó, y creo que aún me pasa con él.

Ojala la frase “vendrán tiempos mejores” no se equivoque.

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