viernes, 14 de mayo de 2010

Perdí otra vez

Ayer murió mi tío, quizás la persona que más me enseño en este mundo. Murió rápidamente, de un ataque cardiaco. Era joven pero poco cuidado.

El dolor casi ha sido insoportable, tuve que salir a caminar a un parque, y al llegar a un lugar tranquilo, grité como si quisiera botar los pulmones.

Siempre dije que el dolor es de las personas que quedan acá, que ellos, los que parten, encuentran eso que yo deseo conocer, que supongo sea lo que sea, trae paz y por fin calma. Pero esto ha sido muy doloroso, con la muerte de mi abuela sufrí muchísimo, tanto como ahora, pero distinto, ahora el dolor es más fuerte, es más concentrado, me ha dejado sin aire, me dolió el pecho, sentí que moría, cuando lo vi en el suelo pensé que soñaba, deseaba que fuera una pesadilla o una broma de muy mal gusto, pero ha sido todo tan doloroso, me siento muerto y cansado.

Mi tío era como mi padre, era mi padre. Me enseño casi todo lo que sé, y me dio la fuerza para soportar todo lo que he pasado, siempre estuvo a mi lado, y junto a mi tía, mi otra madre, siempre fueron mi refugio.

No sé si pueden entenderme, no se si alguien lee esto, pero necesito decir cuanto duele, necesito no olvidarlo, este dolor me hace recordar cuanto lo quería y necesitaba.

Perdí otra vez, como con mi abuela, perdí otra vez. No pude darle todo lo que quería, no pude ayudarle a conseguir eso que le faltaba. Se bien que me querían, pero yo soy egoísta y quería entregar parte de mi vida para ellos, hacer algo importante para ellos, porque eso me hubiese hecho muy feliz.

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