Estoy a un pelo de cambiar las cosas, tengo una entrevista para un nuevo trabajo, que si sale como quiero, me dará más ingresos y la posibilidad de tener una vida, pero de verdad, una vida mía, que ya me convencí que sin dinero, no puedes hacer mucho.
Estoy soñando con salir de esta pieza, de tener mi vida, mi departamento. Llevar a quien quiera, hacer lo que quiera, pasar días completos en la cama, dormir como Dios me trajo al mundo y no vestirme en todo el día, hacer lo que quiera.
Todo suena muy bien, pero se bien que aunque salga de esta casa, será algo complejo sacarme todas las cosas que me atan a esta casa.
Junto con la idea de una vida, has surgido las preguntas de que hacer con una vida. Lo primero veo un tiempo solo, por fin un tiempo para mi, algo de que sentirme parte.
Hoy también visité a algunos de mis amigos en facebook, y no me pude resistir y visité la página de mi “amigo”, y vi una foto de él con su mujer y sus tres hijos, e increíblemente… dolió mucho. No pensé que sería así, la idea de la visita era ver que pasaba, ahora que ya tengo la posibilidad de buscar nuevas cosas, pero aún duele.
Me doy cuenta de que lo que tengo encima es mucho más que simples decisiones sin solución, la verdad es que parece que sé que es lo que quiero, solo que sé que nunca podré tenerlo.
Ya no se si esperar a encontrar algo más, no creo tener más que hacer. Pero si de algo estoy seguro que mis deseos, mis sueños, mis sentimientos, todo eso que hizo de mi etapa en el colegio la más feliz e intensa aún estará allí, recordándome cuando tuve lo que quiero al lado, cuando podía tocarlo y soñar, cuando sentía una leve esperanza y poder soñar y llorar cuando me daba un ataque de realidad y veía como jamás podría tener eso que soñaba.
Con la foto y el dolor me di cuenta que se que de llegar él a mi puerta y ofrecerme un tiempo, aunque fueran meses… semanas… días… creo que dejaría lo que tengo por unos momentos de lo que jamás he tenido, de sentir un momento de completitud, de ser y estar tranquilo, de no necesitar pensar en otra cosa, de no importar nada.
Probablemente estos pensamientos solo sean una imagen de mi idealización de los años de mi adolescencia, que fueron muchos y sufridos, pero es lo que siento, y no creo poder cambiar eso.
Las cosas están perdiendo el dolor y la fuerza, estoy comenzando a sentirme como antes, cuando en verdad… ya no me importaban las cosas, antes de enfermarme, cuando me estaba convirtiendo en la persona que una infancia como la que tuve debió formar.
Me estoy acostumbrando al dolor, estoy volviendo a ese tipo que le costaba llorar y que no sufría. Aunque debo ser sincero y aceptar que el escribir en este blog me muestra que no he llegado aún a ese punto, y el día que me pierda de este blog, creo que me habré perdido, olvidado.
Ya las cosas son… casi nada.
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